8º-. La Bolera
El corro de bolos, es el final del recorrido. En una bonita plaza, denominada “La Bolera”, se sitúa la tradicional bolera rodeada de grandes plátanos que proporcionan sombra y frescor en el estío.
“Entre los tres amigos no cabían disensiones. Cada cual acataba de antemano el lugar que le correspondía en su pandilla…»
«En las tardes dominicales y durante las vacaciones veraniegas, los tres amigos frecuentaban los prados y los montes y la bolera y el río….»
«Otros días iban al corro de bolos a jugar una partida. Aquí Roque, el Moñigo, les aventajaba de forma contundente… En este juego, el Moñigo demostraba la fuerza y el pulso y la destreza de un hombre ya desarrollado. En los campeonatos que se celebraban por la Virgen, el Moñigo – que participaba con casi todos los hombres del pueblo – nunca se clasificaba por debajo del cuarto lugar…»
“…Con frecuencia, Daniel, el Mochuelo, se detenía a contemplar las sinuosas callejas, la plaza llena de boñigas y guijarros, los penosos edificios, concebidos tan solo bajo un sentido utilitario. Pero esto no le entristecía en absoluto. Las calles, la plaza y los edificios no hacían un pueblo, ni tan siquiera le daban fisonomía. A un pueblo, lo hacían sus hombres y su historia. Y Daniel, el Mochuelo, sabía que por aquellas calles cubiertas de pastosas boñigas y por las casas que las flanqueaban pasaron hombres honorables, que hoy eran sombras, pero que dieron al pueblo y al valle un sentido, una armonía, unas costumbres, un ritmo, un modo propio y peculiar de vivir…”